Después de eso lo demás poco importa, es verdad. Estás viniendo, hijo/a. Sabé que te amo, como a tu mamá, Vale. (No, si vos sabés, como diría la canción de los Cadillacs).

Esto es lo que me escribí en la agenda para la posteridad:

Hoy es el día más feliz de mi vida: Vale venía sintiéndose media media; sin embargo tratábamos de no ilusionarnos. Después que pasó una semana en la que tenía que venir el período menstrual y no lo hizo, decidimos comprar hoy el test de embarazo. Lo hicimos y la dejé en la puerta de la oficina mientras yo me iba a comprar algunas cosas al súper de los chinos. Cuando volví Vale estaba al teléfono y me dice: ¡fijate en el baño! Me acerco al bidet y veo las dos rayitas. Entonces digo: “ah, dos rayitas”. Inmediatamente recapacito, dándome cuenta de mi error: ¡dos rayitas! ¡Ahh! ¡La emoción total! Estabas en camino y ya te amo, porque ya te esperaba, muchos años antes.

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